martes, 12 de octubre de 2010

Amigo mío,
tengo tanta necesidad de tu amistad.
Tengo sed de un compañero que respete en mí,
por encima de los litigios de la
razón,
el peregrino de aquel fuego.

A veces tengo necesidad de
gustar por adelantado el calor prometido,
y
descansar, más allá de mí mismo,
en esa cita que será la nuestra.

Hallo la paz.
Más allá de mis palabras torpes,
más allá de los
razonamientos que me pueden engañar,
tú consideras en mí, simplemente al Hombre,
tú honras en mí al embajador de creencias,
de costumbres, de
amores particulares.

Si difiero de ti, lejos de menoscabarte te engrandezco.
Me interrogas como se interroga al
viajero,
Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido,
me siento
puro en ti y voy hacia ti.
Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.

Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas
las que te
informaron acerca de lo que soy,
sino que la aceptación de quien soy te ha hecho

necesariamente indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas.

Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy.
¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?
Si todavía combato, combatiré un poco por ti.
Tengo necesidad de ti. Tengo necesidad de ayudarte a vivir.